MÓNACO SONRÍE

El argentino, y único latinoamericano con vida en el Masters 1000 de Miami, derrotó con solvencia a Fernando Verdasco, el verdugo de Rafael Nadal y se metió en los cuartos de final del segundo evento de la categoría del año. Tal triunfo reconforta el ánimo del sudamericano, que pasó por un 2015 dubitativo.

Foto: Getty Images

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Inició el año entre sombras y ha levantado el rumbo. El protagonista de la historia es el argentino Juan Mónaco, quien a comienzo de temporada se replanteó su verdadero andar en el circuito masculino por problemas físicos, tuvo que superar una seguidilla de duelos sin conocer la victoria y ahora mira cómo el tenis le sonríe con un presente color de rosa.

El de Tandil, gladiador por naturaleza y un jugador propio del polvo de ladrillo, ve uno de sus mejores momentos en una superficie radicalmente diferente, el cemento de Miami, y se instala en la ronda de los ocho mejores demostrando algo más que contundencia, juego preciso y unas piernas que no parecen desvanecerse a pesar del inclemente calor del este de los Estados Unidos.

“Competir con dolores me hace mucho daño. Es difícil ponerse un objetivo a largo plazo. Cada vez me cuesta todo más, cada vez me cuesta más salir de Argentina”, afirmaba el argentino a inicios de año luego de su caída en el Abierto de Australia en el estreno. La espalda era su principal martirio y lo tenía con la cabeza revuelta en torno a su futuro. “Uno empieza a pensar cosas raras, muchas cosas me pasaron en estos días por la cabeza. Me infiltré, porque una operación sería el final de mi carrera”, sostuvo.

Pero la zona lumbar no solo era el único pretexto de preocupación del jugador que alcanzó a ser 10 del mundo en julio de 2012. Su inicio con dudas acompañado de un juego quebrado y desequilibrado lo tenía con un doloroso récord de 0-4 en los dos primeros meses: fue a Doha, Auckland, Melbourne y Sao Paulo y se devolvió con derrotas dolorosas, una incluso ante un jugador ubicado más allá del top 140 (Thiemo De Bakker).

Pero tras las aguas turbulentas siempre llega la calma. El pupilo de Mariano Zabaleta se recompuso en el torneo de Río de Janeiro para luego, una semana más tarde, llegar a la final del evento de Buenos Aires donde cayó ante su buen amigo Rafael Nadal. Pero allí, antes de lograr el partido definitivo, Mónaco se vio con otra sombra que pudo apagar su momento: la no convocatoria para la Copa Davis por la primera ronda a pesar de su recorrido, historia y posición en el ranking. El argento, al contrario, vivió un impulso que lo llevó a demostrar su mejor versión llegando al partido de la disputa del título en la capital de su país.

Luego de pasar por Indian Wells, donde se quedó estancado en la tercera ronda, ‘Pico’ Mónaco encontró su idilio con el cemento en el Cayo Vizcaíno. Dejando en el camino a Ruben Bemelmans, Ernests Gulbis y Guillermo García-López, el 46 del mundo enfrentó a Fernando Verdasco iluminado, con la mente en orden y aprovechando los desaciertos del ibérico que demostró que no estuvo en su día. El argentino, con el marcador a favor por 6-3, 6-3, se metió por quinta vez en el grupo de los ocho mejores de un Masters 1000 y lo hace por primera vez desde 2012, aquella vez también en Miami, demostrando que el cemento de esta ciudad le sienta muy bien. Juan sonríe en la calurosa Florida y se prepara para dar otro golpe sobre la mesa: al frente tendrá a Tomas Berdych, encargado de vencer a Gael Monfils. Es la oportunidad de oro. Es el volver a vivir de uno de los argentinos más laureados en el último tiempo.

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Fabián Valeth Orozco @FabianV_: Redactor en jefe de Match Tenis. Director y productor de medios de comunicación. Amante del tenis y del periodismo deportivo enfocado hacia este deporte.

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