EL CORAZÓN DE ROGER

Sin palabras. Una noche que pintaba ser sombría terminó transformada en una espectacularidad a la máxima expresión. Roger Federer resurgió de las cenizas y dio vuelta a un partido que tenía casi perdido, casi “en la olla”. Con valentía, con garra, con esfuerzo y un temperamento de gigante logró vencer a Gael Monfils en cinco mangas y firmar una victoria esplendida. Esto es Federer.

Andrew Ong/usopen.org

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Subir a la red parecía ser el objetivo principal de Federer en el partido, una táctica que le ha dado buenos dividendos en la gira de cemento. “Estoy feliz y me siento bien subiendo a la red; hay que anticipar tiros, leer al rival y eso está funcionando. Espero seguir así”, expresó el suizo luego del encuentro de R4 ante Bautista-Agut; sin embargo, contra Monfils fue un plan más que efímero. La constante en este parcial fue el cumulo de errores del helvético que le dio vida a su rival cuando lo tenía pisando la cornisa: no quebró cuando tuvo las opciones mientras que lo vulneraron cuando cedió. El francés, sin su servicio a pleno, se notó con ganas de vencer y dar el gran golpe. Todo fue asunto de estar firme y en algunos casos apostar por lo espectacular; por eso se llevó el set.

La segunda manga fue fiel continuidad de la inicial: Roger con aspecto permisivo, generoso y con numerosas fallas provenientes de su golpe de revés, uno de los más imprecisos. Monfils quebró desde el comienzo y eso le permitió estar cómodo en el juego. La presión pasaba por el actual #3 del mundo que no encontraba cómo contrarrestar a su combatiente. Otro break al final fue la frutilla para que Gael tomara amplia ventaja. Panorama oscuro para ‘Su Majestad’.

Bajar los brazos no era una opción. Federer se acomodó, dejó de equivocarse en los puntos relativamente sencillos y mostró signos de recuperación. Su excelso y maravilloso tenis apareció. Monfils observaba de reojo como el “hombre de negro” se agigantaba y tenía ganas de cambiar el final de la historia. El nivel del francés bajó y el tercer parcial se le fue de las manos. Roger apretaba el puño, no se daba por vencido.

La euforia en el Arthur Ashe fue el ambiente propicio para que Federer recargara el tanque de oxígeno  y se abalanzara contra su rival. Inició siendo agresivo y el quiebre llegó; la gesta quería consumarse. Sin embargo, Monfils sacó de la galera un nuevo aire, aire fresco que lo ponía a pensar en que el cuarto set era el del histórico triunfo. Llegó ese fatídico 4-5 para Roger y con él, dos match points que lo ponían en la situación más comprometedora de la noche: estaba a dos puntos de decirle adiós al sueño de sexto trofeo. “Esto es todo. Este es el último punto, hombre. Sólo tienes que ir a pelearlo, no lo pierdas con un tiro fácil”. Los jugó con el corazón, como si fueran las dos últimas pelotas de su grandiosa y exitosa carrera, como si fuera el principio del fin. Nada pudo hacer Gael ante lo acometedor que fue el exnúmero 1 del mundo en esas dos instancias. Tan cerca pero a la vez tan lejos, un prologo para escena francesa.

Con la dificultad superada, Federer no titubeó en arriesgar. Era ahora o nunca. Presionó al galo que se desmoronaba en pequeños pedazos y no encontraba respuestas ante el nuevo escenario. Monfils fue diminuto, la algarabía de los espectadores le jugó una mala pasada; un ambiente que hasta el mismo fue el que provocó. Cayó en su juego. Dos doble faltas lo sentenciaron y permitieron que Roger gritara desde lo más profundo de su ser. El empate llegó porque Monfils se achicó y Federer creció. El banco del suizo estalló en júbilo mientras Mirka no podía ocultar el nerviosismo que la invadía desde juegos anteriores. La hazaña estaba a un paso.

El helvético apretó el acelerador en el set final y mostró la esencia de su tenis, ese juego tan maravilloso que ha admirado a chicos y grandes desde hace años. Era el momento de brillar. Fue el comienzo de un final anunciado. No había nada qué hacer, Roger era el dueño de la escena y dejó de extra a ‘La pantera’ que ya era desconocida, su cabeza se fue para otro lado. Una pelota afuera decretó la epopeya. Federer sucumbió un partido que se le quería escapar, donde empezó jugando mal pero supo recomponer el camino con ese corazón gigante que tiene, con esa hambre de gloria que aún posee. La magia recorrió todo Flushing Meadows.

Una gesta que todos los que estuvieron presentes y los que la presenciamos por televisión nunca vamos a olvidar, no importa si somos fanáticos de él o no. Fue una proeza escrita con tinta de oro que jamás podrá ser borrada, un capítulo más de esta maravillosa película que este hombre nos viene entregando desde hace más de 10 años. Hoy Roger demostró que tiene un corazón grande, corajudo, enorme; un alma capaz de trascender lo físico y hacerse presente para atemorizar a su contrincante; un cuerpo que danza en la pista y demuestra que jugar bonito al tenis es posible. Es su novena semifinal en Nueva York y busca ese título deseado, ese número 18 que le viene siendo huidizo en varias oportunidades. Próxima parada: Cilic.

Gracias Roger, gracias Gael. Lo fantástico existe.

gael

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Fabián Valeth Orozco @Harryelpote: Redactor de TenisBreak. Director y productor de radio y televisión, locutor y redactor. Amante del tenis y del periodismo deportivo enfocado hacia este deporte.

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