EL CONDUCTOR DE TALENTOS

“Es el mejor entrenador del mundo” comenta Mats Wilander, ex número uno del mundo y buen amigo del conductor de talentos. “Eso no es cierto; no lo soy”, le  responde Magnus Norman (30 de mayo de 1976), un exquisito exjugador que se destacó sobre pistas lentas. responde. Si es o no verdad, los resultados respaldan la carrera del sueco. Por ahora, no hay nada más que decir.

Foto:  UK Eurosport

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Durante su época como jugador, Magnus Norman, tuvo un breve paso por la élite de este deporte. Durante año y medio (enero 2000 – mayo 2001) estuvo en el top 10, fue número dos del mundo, ganó el título más importante de los doce que alcanzó en su carrera (Roma) y llegó la final de Roland Garros, en la que perdería con el brasileño Gustavo Kuerten.  Sin embargo, los problemas físicos en la cadera y en una de sus rodillas hicieron que con 28 años le pusiera fin a su camino. “Uno siempre quiere terminar en sus propios términos y no he tenido esa oportunidad”  explicó el jugador  que años más tarde empezaría a ver el tenis desde los banquillos.

La primera experiencia real como conductor la vivió junto a su compatriota Thomas Johanson. En ese entonces, Norman convivía con las lesiones. No obstante, estas no eran impedimento para que viajara con su compañero. Fue en el Abierto de Australia 2002, cuando su coterráneo dio la sorpresa al coronarse campeón, un título que detrás tenía los consejos de un jugador que ya hacia las veces de entrenador.

El retiro llegó en el 2004 estando más abajo del puesto 500. Norman fue en busca de preparación a su país de origen donde estudió Markenting y estuvo alejado del tenis durante un tiempo prudencial pues según él era lo mejor para su vida. “Era necesario tener otro tipo de amigos y  desarrollarme fuera de ese mundo”, advertía el sueco.

Sin embargo, con el paso del tiempo se dio cuenta que su vocación estaba en el tenis. “Yo soy un tipo de deportes. Quiero pasar tiempo en los vestuarios. He crecido en medio del tenis y después de un par de años trabajando como director de Marketing de una compañía sentí que no era yo, y que echaba de menos estar de nuevo ahí”.

En ese momento se le dio la oportunidad de entrenar a Robin Soderling, otro compatriota suyo con una gran dosis de talento, pero todavía sin explotar. Antes de la unión en agosto de 2008, el de Tibro (Suecia) nunca había logrado superar la tercera ronda de un Grand Slam y deambulaba fuera del top 30. Después, los resultados respaldaron el trabajo realizado. Soderling llegó a ser número cuatro del mundo, además fue finalista en dos ocasiones del abierto parisino propinándole allí la primera derrota a Rafael Nadal, campeón absoluto en la ‘Ciudad Luz’.

Luego de un periodo de dos años en el que residió en Bastad junto a su familia y que dirigió un proyecto ambicioso de su propiedad llamado ‘Good to Great’,que cuenta con el apoyo de  la Federación de tenis de su país, el sueco volvió al ruedo en abril del 2013. Stanislas Wawrinka, el jugador a moldear. En su primer encuentro lograron el título de Oeiras. Además, Norman pactó llevar al suizo a la Copa de Maestros ante la incredulidad de ‘Stan’, quien nunca había estado en el top 10. Él lo cumplió. Llegaron al último torneo del año e incluso avanzaron hasta semifinales.

En 2014 se dio el gusto de llevar al suizo a ganar su primer Grand Slam. En Australia el de Lausana sacó a relucir todo ese talento que guardó durante años venciendo a jugadores de la talla de Novak Djokovic y Rafael Nadal. Meses más tarde, lo llevó a ganar el Masters 1000 de Montecarlo y sobre el final de año, llegó la tan anhelada ensaladera de plata. El broche de oro, lo puso en esta edición 2015 de Roland Garros, al creer ciegamente en su pupilo. “Siempre pensé que él podría derrotar a Novak. Cuando está  bien puede ganarle a cualquiera”.

Tras su experiencia con Soderling y su actual vivencia con Wawrinka, el entrenador sueco afima que el trabajo más importante que ha realizado en la carrera de estos dos competidores ha sido en el aspecto mental. “Robin era un tipo que estaba perdiendo una gran cantidad de energía en cosas que no eran de su tenis como los espectadores, sus oponentes, el sol, el viento. En tanto, ‘Stan’, siempre había sido un tenista nervioso y debil en los partido difíciles”.

Con 39 años, el ganador de la Copa Davis en 1998, sabe que le que da mucho por demostrar. Su rápida salida del tenis ha dejado hambre de triunfo en su ser. Dos títulos de Grand Slam con Wawrinka y dos finales con Robin no son suficientes. ¿Qué vendrá para el conductor de talentos?

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ANDRÉS VARGAS PERAZA: @andresvarperaza. Periodista especializado en tenis. Exjugador de tenis con puntuación ITF. Miro el deporte desde una perspectiva diferente. Estuve en el lugar del deportista, ahora del periodista. Director y editor del portal www.matchtenis.com.

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