DAVID GOFFÍN, EL INICIO DE UN REGRESO

David Goffin puede ser fácilmente el inspirador de aquella canción del cantante salsero puertorriqueño Jerry Rivera: esa misma que en su coro resuena “Soy cara de niño, con alma de hombre…”. Y es que claro, uno ve a este tenista belga con una carita de nene de 15-16 años y que en realidad ya pasa los 23. A pesar de eso sigue siendo un joven, una promesa que el circuito necesita que despegue y sea un mayor protagonista. Por lo pronto, los últimos meses le vinieron como anillo al dedo, con unos números increíbles y la llegada de su primeros títulos ATP. Él es el elegido para acercarnos y conocerlo un poco más: él hace parte del Jugador de la semana Match Tenis

David Goffin

Rocourt es un pequeño suburbio en la ciudad de Lieja (Bélgica), tal vez nunca escuchado por usted o por mí, pero que fue el escenario de una guerra con resonancia en la historia entre 1740 hasta 1748: La Guerra de Sucesión Austriaca, que para no alargarnos fue un conflicto que se originó por los derechos sobre la herencia de la Casa Austriaca cuando murió el emperador Carlos VI; es decir, mucha ‘gente’ tenía intereses así que se inició una disputa bélica. Pero cientos de años después, esa misma Rocourt fue la cuna de David Goffin y de la gran Justine Henin, así que el joven David tuvo más que una inspiración para iniciarse y tomar el camino del tenis.

Ese amor por el deporte blanco inició para él a los 6 años, donde tomó la raqueta e inmediatamente empezó una relación interminable con ella. Su padre, Michael, fue quien lo indujo al tenis aprovechando que éste era entrenador de la Academia Barchon en Lieja. A partir de ahí, David no se separó nunca más de la pelota. De chico jugaba con su hermano mayor, Simon, en una “pista” hecha con tiza y una red en el patio trasero de su casa: David era Andre Agassi; Simon, Pete Sampras. En una entrevista para la ATP, “La Goff”, como es apodado David Goffin, cuenta que su padre tenía que advertirles que ya estaba oscuro y era mejor que entraran, tomaran una ducha y fueran a la cama; a lo que los chicos respondían desesperados: “Papá, estamos 5-5 en el cuarto set. ¡No podemos dejar el partido de esta manera!”.

La joven vida de Goffin se traducía en ir a la escuela y jugar tenis; este deporte ya era una razón de ser para él. David sólo quería pelotear y pelotear. Su hermano jugaba bastante bien al tenis y muy joven se fue a la Federación Belga de Tenis, mientras él seguía bajo las ordenes de su padre en Barchon con el que practicaba tres veces a la semana, acompañados muchas veces por la extenista Michele Gurdal. A los ocho años la Federación lo reclutó, tal vez David era muy joven para estar en semejante lugar, pero su padre sintió que era lo mejor y que allí podían cultivarle a su hijo un verdadero amor hacia el tenis. Y así fue, “La Goff” encontró el desarrollo esencial para entrar a los torneos Futures y de ahí, dar el salto a Challengers y al profesionalismo.

Tal vez David Goffin no tenía -o tiene- el prototipo normal de un tenista: 180 centímetros de estatura y 68 kilogramos de peso, ojos azules, tez rubia; nada de lo que se ve día a día en el circuito. Su padre y su anterior entrenador, Reginald Willems, coincidían en que lo que le faltaba en estatura y fuerza lo compensaba con su forma de pegarle a la bola y la habilidad de tomarla temprano, parecido al estilo de Andre Agassi; ese mismo a quien imitaba en la parte trasera de su casa desde pequeño.

Foto: bet at home cup

Foto: bet at home cup

El belga inició su andanza en la ITF en el F1 de Luxemburgo, en agosto de 2008, donde obtuvo su primera victoria ante el alemán Holger Fischer para luego caer en R16 ante el francés Thomas Cazes-Carrere. Sólo un mes después ganó su primer Future en el F4 de Grecia, donde no cedió ningún set y perdió nada más que 18 games. Su primera experiencia en un Challenger fue en Mons (Bélgica), allí fue derrotado en su debut por un tal Edouard Roger-Vasselin. Fueron más de dos años en este tipo de torneos donde cosechó victorias, derrotas, sufrimientos, alegrías pero sobre todo, práctica y destrezas.

En octubre de 2010 jugó su primer cuadro clasificatorio en el torneo de Montpellier donde no logró acceder al main draw, pero su debut en la ATP no iba a durar mucho. Tres meses después, en Chennai, volvió a jugar la qualy que esta vez sí supero: había llegado la hora de estrenarse en el circuito y demostrar el talento formado en tantos años de trabajo. Su rival en ronda de 32 fue Somdev Devvarman (108º) al cual venció con relativa contundencia 6-2, 6-4, su siguiente parada fue Stanislas Wawrinka, 21 del mundo para ese entonces, al cual le jugó de la manera más extraordinaria posible; terminó cayendo 6-7, 6-7 pero se pudo dar el lujo de batallar ante un Top 30.

David Goffin se mostró ante los ojos del mundo en 2012, año en el que fue más regular en la disputa de torneos ATP que iba intercalando con buenas actuaciones en los Challengers. Su evolución era cada vez más notoria y eso le valió un cupo para disputar la clasificación de Roland Garros con 21 años. Un Roland Garros que al final iba a ser muy especial para él. Goffin pasó las dos primeras rondas pero en la tercera fue eliminado por Joao Sousa; el sueño parecía disiparse en la arcilla francesa. Pero este Abierto de Francia estaba destinado para que lo disputara: entró como “lucky loser” y fue la gran oportunidad de su vida. Derrotó en cinco sets a Radek Stepanek (27º) y al local Arnaud Clement, prosiguió con Lukasz Kubot al que venció en sólo tres sets. No podía creerlo, ¡estaba en octavos de final! ¡Y siendo perdedor afortunado! David Goffin se convirtió en el primer “lucky loser” en alcanzar R16 en un Grand Slam desde que Dick Norman lo hiciera en Wimbledon 1995. Un gran merecimiento para el tenista belga.

La felicidad bordeaba su rostro en las entrevistas que concedía, no era difícil esconder tanta satisfacción por el buen tenis que había mostrado en poco más de una semana. Su próxima parada fue el gran Roger Federer, ese mismo al que veía años atrás en la televisión y del que tenía posters pegados en las paredes de su cuarto. Ese, su ídolo.

Foto: lexpress.fr

Las sensaciones de ese partido fueron más que emotivas para David, y en la cancha demostró que su talento no era una casualidad: logró quitarle el primer set al suizo golpeando la pelota como un experimentado, como un hombre del mil batallas. Su estado físico fue decayendo a poco, como lo es muy normal en un tenista tan joven como él en un punto de exigencia máxima, Roger sacó esa chapa de múltiple campeón y al final prevaleció ante el pequeño gigante. “Creo que jugó muy bien. Me dio una gran impresión. Tomó la pelota temprano cada vez y él puede tomar mucha ventaja de eso”fueron las palabras de Federer tan sorprendido como todo el público por lo exhibido por Goffin.

A partir de ahí, David Goffin se convirtió en una promesa del tenis. Una promesa con un futuro creciente. Steve Darcis lo catalogó como un jugador físicamente fuerte y rápido y aquel que “puede llegar a ser uno de los mejores tenistas belgas que jamás haya tenido el país. Todo es cuestión de tiempo”. Después de su enorme Roland Garros, tuvo buenas actuaciones; pero el 2013, donde tuvo lesión de muñeca, y el inicio de 2014 fue discreto, poco de lo que realmente se esperaba.

Ya con 23 años -donde su aspecto físico parece el mismo de cuando tenía 17, como si la edad no pasara por su cuerpo- Goffin puede estar alcanzando una verdadera madurez, esa que permite diferenciarse entre los que se quedan en el arduo camino del tenis o los que siguen sin importar los obstáculos y las murallas. Él siguió, luchó y perseveró ante las adversidades que presenta este maravilloso deporte día a día, torneo tras torneo. Julio, agosto, septiembre y estos días de octubre de 2014 no los va a olvidar nunca porque fue el inicio de un regreso, la vuelta de una promesa. El esplendor del belga inició en Scheveningen (Holanda), se trasladó a Poznan (Polonia) y siguió en Tampere (Finlandia): todos ellos Challengers donde Goffin se coronó campeón y sin ceder un sólo set. Allí demostró ese innegable talento que tiene al impactar una pelota. Venció a jugadores como Jarkko Nieminen, Alexandr Nedovyesov, Jesse Huta-Galung, Andreas Beck, Martín Alund, Blaz Rola. Luego accedió a Kitzbühel, modesto torneo en Austria con un cartel no tan despampanante pero con especialistas en polvo de ladrillo: dejó en el camino a De Schepper, Kohlschreiber, Lorenzi, Gonzaléz y en la final a Thiem. Así conquistó su primer título ATP y 4 semanas de invicto. Premio a una corta carrera maravillosa.

Su fantástica historia tuvo dos semanas en las que no levantó título alguno –Winston Salem y el Us Open– , pero sí dejó claro que su nivel superlativo continuaría generando alegrías en su ser. Llegó el ATP de Metz y con el una nueva consagración, la segunda en menos de dos meses en la máxima categoría del tenis masculino. Allí sumó una de las victorias más importantes de su carrera al superar al máximo favorito del evento, Jo-Wilfried Tsonga. A la gira asiática no viajó, seguramente su cuerpo pedía descanso. Sin embargo, en su país regresó al circuito y el Challenger de Mons, fue testigo de una nueva coronación. Sí la sexta en apenas tres meses.

Foto: David Goffin / Crédit photo : Arnaud Briand

Foto: David Goffin / Crédit photo : Arnaud Briand

Como lo sustentan estas líneas, es el inicio de un regreso, un regreso que esperamos sea fructuoso y lleno de glorias y satisfacciones. Goffin, con su cara de niño, puede demostrar que es un adulto del tenis, que tiene un alma de hombre. Todo pasa por creer en los sueños, afianzarse en ellos, pensar en que sí se puede, saltar adversidades, enfrentar a ídolos sin un poco de respeto, caer y volver a levantarse y saber que al final hay un premio.

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Fabián Valeth Orozco @Harryelpote: Creador de TenisBreak. Director y productor de radio y televisión, locutor y redactor. Amante del tenis y del periodismo deportivo enfocado hacia este deporte.

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