BOUCHARD PIERDE EL HORIZONTE

La mejor canadiense en el circuito femenino no pasa por su mejor momento. Problemas físicos y resultados desquiciados han dejando sin rumbo a Eugenie Bouchard, quien en los dos Premier Mandatory de Estados Unidos se fue sin pena ni gloria.

Foto: Getty Images

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El 2015 es oscuridad, es un manto de dudas que posan sobre los hombros de una de las mayores revelaciones del pasado curso. Eugenie Bouchard desparpajó a todos el año anterior cuando encajó un performance envidiable para cualquier jugadora top: primero, ser la única del circuito WTA en lograr semifinales, por lo menos, en los tres primeros Grand Slam; segundo, su primera final en ‘majors’ en Wimbledon, aunque allí se quedó con el plato de finalista luego de una actuación casi insípida ante Petra Kvitova. A pesar de eso, todo era idilio.

Luego, un momento difícil. Pasó en falso en su primera parada, luego de su final en el césped sagrado, en su casa, Montreal, donde se despidió entre sollozos en la ronda inicial ante Shelby Rogers, siendo castigada con dos 6-0. “He tenido mucha presión. Tengo que acostumbrarme a hacer frente a partidos de este tipo. Hay mucho que aprender”, decía por aquel momento la norteamericana, que empezaba a vivir en su propia piel una irrupción que en poco tiempo la puso en la órbita de los mejores. Bouchard, finalista en la última parte de temporada pasada en Wuhan pero con la desazón de otro traspié, vio nuevamente en la Copa de Maestras cómo la novatada le jugaba una mala pasada.

El nuevo año inició con retos de mayor envergadura. La canadiense ya no era una promesa y su situación de top ten la dejaba con la responsabilidad de tener la madurez suficiente de obtener resultados considerables buscando continuidad. En su primera escala, el Abierto de Australia, la niña de Montreal encontró la conexión necesaria para llegar nuevamente a la cúspide, pero allí fue aterrizada por María Sharapova, finalista de Melbourne. A partir de allí, el tanque no tenía gasolina, sus golpes no encontraban el destino deseado y las piernas no aguantaban un partido que se alargara en la intensidad. En Amberes, Bouchard empezó a experimentar uno de los principales males que la aquejan en este primer trimestre del año: falta de confianza y pérdida del horizonte. Allí, como en Indian Wells, la siete del mundo iniciaba como cometa y terminaba a velocidad de monopatín, se envolvía en errores y errores y disparaba el cañón sin un blanco definido. Incapacitada o no por las molestias en el antebrazo que le hicieron bajarse de más de un torneo, la canadiense fue perdiendo el color.

Ahora, en Miami, Bouchard, una ‘genie’ de la raqueta, vuelve a experimentar su desconfianza. La jugadora, que carga un proyectil en el drive y un rayo con el revés cruzado, terminó sucumbiendo por 0-6, 6-7 ante la germana Tatjana Maria, 113 del mundo, y que apenas jugaba su tercer partido de cuadro principal en Key Biscayne. “Yo realmente no sabía nada acerca de mi oponente. Siempre es difícil jugar con alguien así. Y su estilo de juego es muy consistente y yo no encontré un rumbo en la cancha”, sentenció Bouchard en el epilogo.

Un paso en falso que duele en el corazón, que se clava como esas desilusiones amorosas que viven muchas jovencitas a la edad de Eugenie. Hoy, la tenista norteamericana ha roto la brújula y no conoce su horizonte; solo espera que en la tierra el romance con la raqueta vuelva a ser el del pasado. “Supongo que tendré un día de descanso y luego voy a practicar mucho para tratar de dejar esto atrás lo más pronto posible”.

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Fabián Valeth Orozco @FabianV_: Redactor en jefe de Match Tenis. Director y productor de medios de comunicación. Amante del tenis y del periodismo deportivo enfocado hacia este deporte.

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